Pedí un rayo de Luz y mi vida se volvió a iluminar

Testimonios

Pedí un rayo de Luz y mi vida se volvió a iluminar

Por Cecilia Fernández

Manos a la Obra es eso: un destello de esperanza que se enciende cuando no somos personas dispersas sino corazones que se unen para transformar la realidad.

Pedí un rayo de Luz y mi vida se volvió a iluminar

Cada uno con su historia, con su forma de ser, cada uno con la personalidad que lo caracteriza, se puso la camiseta del MO, la camiseta de buscar el bien común: porque reconocemos que todos tenemos algo para aportar; que en el compartir, nos enriquecemos; y que trabajando juntos, en un gran equipo, poniendo al servicio lo que somos, lo que sabemos -con alegría y con humildad- se empieza a construir un mundo mejor. 

Vivir 5 días en común-unidad por un proyecto que nos convoca es una hermosa y emocionante aventura que sacude y conmueve al corazón: al corazón sediento por un mundo más justo, al corazón que no quiere quedarse de brazos cruzados sin compadecerse del sufrimiento del hermano, al corazón inquieto por amar cada día más y por devolver un poco de tanto que Dios nos da.

Manos a la Obra es aprender a valorar cada vez más la vida, es redescubrir el rostro de Cristo reflejado en cada hermano y, sin dudas, “servir sonriendo siempre sencillamente” (como nos recordaba el padre Pablo). Yo creo que no es una utopía vivir en #modoMO, sino que es posible proponérselo cada día como estilo de vida porque no estoy sola, porque siempre habrá alguien que sea sostén y envión para recordármelo.

Muchas veces pareciera que la sociedad entera está sumergida en la globalización, en la cultura del descarte, y en la de permanecer indiferente ante las injusticias. ¿Cuántas veces escuchamos, -o se nos escapa decir- por las noticias que nos muestran, que la juventud está perdida o que las personas solo hacen algo por su propio interés? Buscá otra perspectiva. Buscá personas que te inviten a amar, que te ayuden a ser entrega, que abracen y sonrían, que te animen a romper con la apatía. Buscalas porque cerquita -en lo silencioso y cotidiano-, están.

Lamentablemente, por diferentes motivos, no todos tienen la dicha de estudiar ni tienen el privilegio de satisfacer siquiera las necesidades básicas -sean materiales o afectivas-, y sus derechos se ven vulnerados. Hoy es tiempo de limpiar nuestra mirada de prejuicios, ahondar en la escucha, tener compasión, superar barreras y construir puentes fraternos. Es tiempo de aprender a ver lo bueno que hay en mí y en los demás, y de comprometerse por un mundo mejor.

 

 

Mi segundo MO pasó, y como cada vivencia, fue único: mi corazón se ensanchó por los nuevos rostros e historias -con sus inquietudes, ejemplos de lucha y sacrificio, alegrías y sueños- y por el cariño que ahora atesora.

En mi caso, este año, fue el barrio Unión de Villa Constitución el que me movilizó al abrirnos las puertas de sus corazones, al invitarnos a pasar a sus hogares, al ofrecernos todo lo que tenían -sus sillas, sus mesas, sus historias, agua, mates, y más-. Y ahí está la riqueza: en dar todo de corazón, sin escatimar.

Cada mañana y cada tarde nos encontrábamos con pequeños de ojitos brillantes y adultos con rostros expectantes... con oídos dispuestos a escuchar, y palabras que quieren ser escuchadas... con almas que buscan ser abrazadas... con proyectos empezados y con sueños por cumplirse...

Todos tenemos limitaciones y potencialidades, y ayudar a ver que cada vida vale, acompañándolos a descubrir sus fortalezas y brindando herramientas para que sigan escribiendo su historia y, que así, continúen construyendo su comunidad en pos de una calidad de vida digna, es invaluable. Aún cuando parece que se demuestra lo contrario, siempre hay mucho por ofrecer, y cuando uno piensa que va a dar, no se imagina que lo que recibe es muchísimo más.

En una oportunidad un amigo nos interpeló preguntando si creíamos que podíamos cambiar el mundo. ¿Y sabés qué? Hoy afirmo sin vacilar que sí -con la Gracia de Dios- puedo cambiar el mundo, si uno mis talentos con los tuyos, con los de él, con los de ella, podemos hacer cosas maravillosas. Porque, citando a un gran amigo que ya alcanzó la santidad como lo es Josemaría Escrivá de Balaguer: "el amor convierte en grande lo que a ojos humanos resulta ínfimo: “Hacedlo todo por Amor. –Así no hay cosas pequeñas: todo es grande”". Y una vez más, lo confirmo porque desde un “buen día”, una sonrisa, una simple ayuda, el día -para quien lo recibe y quien lo da- toma otro color.

Que un niño de 7 años -habitante del barrio que estuvimos visitando y acompañando- nos diga que cuando sea grande quiere ser amigo nuestro y trabajar ayudando a otras personas, reaviva la esperanza e impulsa a seguir caminando con entusiasmo. Allí apareció uno de los brotes de los frutos que, indudablemente, otros verán.

Otra de las personas que estaba allí y que silenciosamente siempre se acercaba a compartir con nosotros era un joven que venía, se sentaba a nuestro lado, y trabajaba a la par. Se trata de dar oportunidades, de mostrarle al prójimo que también importa y que sus manos también suman.

No hay cansancio más gratificante que la satisfacción de entregarse por y con Amor y también el poder verlo plasmado en la felicidad que provoca en los demás y, sin querer, en uno mismo. El Amor atrae, el Amor -en palabras y, más aún, en acción- contagia.

En la Misa del sábado por la tarde junto a los vecinos presenciamos 7 Bautismos. Eso fue una de las tantas bendiciones que Dios nos regaló para fortalecer nuestra fe y demostrarnos una vez más cuánto nos ama y que nos está abrazando al hacerse presente en cada detalle y nos sigue exhortando a ser sal y luz.

En el MO lloré y reí con otros, jugamos y trabajamos, vi y viví la creación de lazos con los vecinos de la zona y compartí los momentos de formación con los moenses para darle sentido a nuestro quehacer. Es impresionante el trabajo que se hace-tanto el previo como el de esa semana de enero- como respuesta concreta a las necesidades detectadas en las visitas diagnóstico. Conocí almas hermosas, con calidez humana, dispuestas a dar siempre lo mejor y a superar las adversidades que pudieran surgir, irradiando siempre alegría y esperanza.

Si tenés estudio, trabajo, algo para comer o tomar cuando te plazca, un espacio con comodidades, ropa y zapatillas, sé agradecido y valoralos porque no todos gozan de esos privilegios.

Ver una realidad muy distinta a la de uno, ver más allá de los carteles luminosos y prometedores con los que nos topemos, hace que el corazón se despierte y anhele encontrar una manera de mejorar la vida de los demás y que al transitar el camino de servir, halle la felicidad.

No son pocas las veces en las que no asumimos nuestra responsabilidad social y esta es una gran oportunidad para tomar conciencia y hacerlo. Te invito a animarte a salir de esa zona de confort que te atrapa e ir al encuentro del otro, del prójimo, del próximo. Hay alguien que está esperando tus oídos, tu voz, tus manos... Te invito a incentivar a los demás a que también se sumen. Te aseguro que el Amor lo vale, y allí lo podés palpar.

Vivir el verano de esta manera, sirviendo a quien lo necesita, es algo extraordinario: motiva a seguir aprendiendo y creciendo.

Manos a la Obra es una experiencia inefable que todo joven debería vivir.

 

Manos a la Obra | Rosario
Pedí un rayo de Luz y mi vida se volvió a iluminar

Manos a la Obra es eso: un destello de esperanza que se enciende cuando no somos personas dispersas sino corazones que se unen para transformar la realidad.

Cada uno con su historia, con su forma de ser, cada uno con la personalidad que lo caracteriza, se puso la camiseta del MO, la camiseta de buscar el bien común: porque reconocemos que todos tenemos algo para aportar; que en el compartir, nos enriquecemos; y que trabajando juntos, en un gran equipo, poniendo al servicio lo que somos, lo que sabemos -con alegría y con humildad- se empieza a construir un mundo mejor. 

Vivir 5 días en común-unidad por un proyecto que nos convoca es una hermosa y emocionante aventura que sacude y conmueve al corazón: al corazón sediento por un mundo más justo, al corazón que no quiere quedarse de brazos cruzados sin compadecerse del sufrimiento del hermano, al corazón inquieto por amar cada día más y por devolver un poco de tanto que Dios nos da.

Manos a la Obra es aprender a valorar cada vez más la vida, es redescubrir el rostro de Cristo reflejado en cada hermano y, sin dudas, “servir sonriendo siempre sencillamente” (como nos recordaba el padre Pablo). Yo creo que no es una utopía vivir en #modoMO, sino que es posible proponérselo cada día como estilo de vida porque no estoy sola, porque siempre habrá alguien que sea sostén y envión para recordármelo.

Muchas veces pareciera que la sociedad entera está sumergida en la globalización, en la cultura del descarte, y en la de permanecer indiferente ante las injusticias. ¿Cuántas veces escuchamos, -o se nos escapa decir- por las noticias que nos muestran, que la juventud está perdida o que las personas solo hacen algo por su propio interés? Buscá otra perspectiva. Buscá personas que te inviten a amar, que te ayuden a ser entrega, que abracen y sonrían, que te animen a romper con la apatía. Buscalas porque cerquita -en lo silencioso y cotidiano-, están.

Lamentablemente, por diferentes motivos, no todos tienen la dicha de estudiar ni tienen el privilegio de satisfacer siquiera las necesidades básicas -sean materiales o afectivas-, y sus derechos se ven vulnerados. Hoy es tiempo de limpiar nuestra mirada de prejuicios, ahondar en la escucha, tener compasión, superar barreras y construir puentes fraternos. Es tiempo de aprender a ver lo bueno que hay en mí y en los demás, y de comprometerse por un mundo mejor.

 

 

Mi segundo MO pasó, y como cada vivencia, fue único: mi corazón se ensanchó por los nuevos rostros e historias -con sus inquietudes, ejemplos de lucha y sacrificio, alegrías y sueños- y por el cariño que ahora atesora.

En mi caso, este año, fue el barrio Unión de Villa Constitución el que me movilizó al abrirnos las puertas de sus corazones, al invitarnos a pasar a sus hogares, al ofrecernos todo lo que tenían -sus sillas, sus mesas, sus historias, agua, mates, y más-. Y ahí está la riqueza: en dar todo de corazón, sin escatimar.

Cada mañana y cada tarde nos encontrábamos con pequeños de ojitos brillantes y adultos con rostros expectantes... con oídos dispuestos a escuchar, y palabras que quieren ser escuchadas... con almas que buscan ser abrazadas... con proyectos empezados y con sueños por cumplirse...

Todos tenemos limitaciones y potencialidades, y ayudar a ver que cada vida vale, acompañándolos a descubrir sus fortalezas y brindando herramientas para que sigan escribiendo su historia y, que así, continúen construyendo su comunidad en pos de una calidad de vida digna, es invaluable. Aún cuando parece que se demuestra lo contrario, siempre hay mucho por ofrecer, y cuando uno piensa que va a dar, no se imagina que lo que recibe es muchísimo más.

En una oportunidad un amigo nos interpeló preguntando si creíamos que podíamos cambiar el mundo. ¿Y sabés qué? Hoy afirmo sin vacilar que sí -con la Gracia de Dios- puedo cambiar el mundo, si uno mis talentos con los tuyos, con los de él, con los de ella, podemos hacer cosas maravillosas. Porque, citando a un gran amigo que ya alcanzó la santidad como lo es Josemaría Escrivá de Balaguer: "el amor convierte en grande lo que a ojos humanos resulta ínfimo: “Hacedlo todo por Amor. –Así no hay cosas pequeñas: todo es grande”". Y una vez más, lo confirmo porque desde un “buen día”, una sonrisa, una simple ayuda, el día -para quien lo recibe y quien lo da- toma otro color.

Que un niño de 7 años -habitante del barrio que estuvimos visitando y acompañando- nos diga que cuando sea grande quiere ser amigo nuestro y trabajar ayudando a otras personas, reaviva la esperanza e impulsa a seguir caminando con entusiasmo. Allí apareció uno de los brotes de los frutos que, indudablemente, otros verán.

Otra de las personas que estaba allí y que silenciosamente siempre se acercaba a compartir con nosotros era un joven que venía, se sentaba a nuestro lado, y trabajaba a la par. Se trata de dar oportunidades, de mostrarle al prójimo que también importa y que sus manos también suman.

No hay cansancio más gratificante que la satisfacción de entregarse por y con Amor y también el poder verlo plasmado en la felicidad que provoca en los demás y, sin querer, en uno mismo. El Amor atrae, el Amor -en palabras y, más aún, en acción- contagia.

En la Misa del sábado por la tarde junto a los vecinos presenciamos 7 Bautismos. Eso fue una de las tantas bendiciones que Dios nos regaló para fortalecer nuestra fe y demostrarnos una vez más cuánto nos ama y que nos está abrazando al hacerse presente en cada detalle y nos sigue exhortando a ser sal y luz.

En el MO lloré y reí con otros, jugamos y trabajamos, vi y viví la creación de lazos con los vecinos de la zona y compartí los momentos de formación con los moenses para darle sentido a nuestro quehacer. Es impresionante el trabajo que se hace-tanto el previo como el de esa semana de enero- como respuesta concreta a las necesidades detectadas en las visitas diagnóstico. Conocí almas hermosas, con calidez humana, dispuestas a dar siempre lo mejor y a superar las adversidades que pudieran surgir, irradiando siempre alegría y esperanza.

Si tenés estudio, trabajo, algo para comer o tomar cuando te plazca, un espacio con comodidades, ropa y zapatillas, sé agradecido y valoralos porque no todos gozan de esos privilegios.

Ver una realidad muy distinta a la de uno, ver más allá de los carteles luminosos y prometedores con los que nos topemos, hace que el corazón se despierte y anhele encontrar una manera de mejorar la vida de los demás y que al transitar el camino de servir, halle la felicidad.

No son pocas las veces en las que no asumimos nuestra responsabilidad social y esta es una gran oportunidad para tomar conciencia y hacerlo. Te invito a animarte a salir de esa zona de confort que te atrapa e ir al encuentro del otro, del prójimo, del próximo. Hay alguien que está esperando tus oídos, tu voz, tus manos... Te invito a incentivar a los demás a que también se sumen. Te aseguro que el Amor lo vale, y allí lo podés palpar.

Vivir el verano de esta manera, sirviendo a quien lo necesita, es algo extraordinario: motiva a seguir aprendiendo y creciendo.

Manos a la Obra es una experiencia inefable que todo joven debería vivir.

 

Pedí un rayo de Luz y mi vida se volvió a iluminar